:.. Información | Revistas | Anuncios | Reseñas
Reseñas disponibles:

[+] Editorial 1959
[+] Editorial 1958
[+] Editorial 1955
[+] Editorial 1954
[+] Editorial 1952
[+] Aquel gran perruyalu que se llamo Tomas...

Editorial 1959

Para ti, amigo lector, nuestro saludo, Y nuestra invitación.....
Deja a tu espíritu corretear por los senderos que estas páginas te ofrecen.

Senderos floridos, como los de la tierra de nuestra amada Asturias. Flores de añoranza; de goce presente; de trabajo y de virtud; de arte y de amor ...

... De este amor que impulso el latir de nuestros corazones astures.

Amor a nuestra “tierrina”. A sus gentes. A su paisaje. A sus costumbres.  Amor que justifica nuestro anhelo,

El anhelo rotundo de la SOCIEDAD DE LA PERUYAL, y que cristaliza armonioso y rutilante en la FIESTA DEL BOLLU. Fiesta que hoy orgullosos, pregonamos.

PATRONO DE LA FIESTA DEL BOLLU DE LA PERUYAL
SAN BERNARDO , ABAD Y DOCTOR

Descendiente del conde de Chantillón y del duque de Borgoña, nació Bernardo en Fontaines (Francia), y era el tercero de seis hermanos y una hermana. Joven y de apuesto continente, vióse muy solicitado, más la virtud sobrepúsose siempre auxiliada de la mortificación y penitencia, hasta que huyendo del mundo entró en la religión del Cister. Opusiéronse sus hermanos mas Bernardo, tan elocuentemente habló, que imitaron su ejemplo junto con otros treinta principales caballeros. Al fundarse el convento de Claraval, fue enviado Bernardo como abad, y a poco la fama de sus cualidades atrajo muchos y nobles caballeros en tanto número, que pudo fundar y poblar ciento seis monasterios, en los cuales regía muchas dignidades y obispados, más vióse obligado a intervenir eficazmente en los principales sucesos de su tiempo, obteniendo que el Papa Inocencio fuese reconocido como pastor universal de la Iglesia y que fuesen condenados los herejes. Predicó por mandato del Papa la Cruzada capitaneada por San Luis de Francia, y su apostolado fue incansable. Era devotísimo de la Pasión de Cristo y de la Santísima Virgen, y su encendido amor le impedía a escribir desahogando su corazón con tal ternura y piedad que se le llama el Doctor Melifluo. Tan portentoso restaurador de la vida monástica y oráculo del mundo, murió a los sesenta y tres año.