“Señora no se preocupe, soy de Arriondas”

(O de recordar y cuidar el pasado para construir un futuru que se recuerde con nostalgia y cariñu)

Suena, quizás, rimbombante pero lo creemos de verdad: Somos una generación que nació y creció en una de les mejores époques posibles. Una época en la que Arriondas, con sus carencies y sus virtudes, nos parecía (con perdón por hablar mal) la hostia.

Crecimos en la calle, sin peligros ni cámares de seguridad. Como no existían los móviles, les madres llamaban a cenar a voces por la ventana y el ir a picar a casa de los amigos era el Whastapp de aquella época.

La Peruyal plena transformación.

Unu de los escenarios más frecuentaos de entonces era el parque de la Llera, con aquel sauce que a tantes generaciones cuidó… viendo autobuses y excursiones yendo y viniendo… El trajín de visitantes era tan importante que los rapaces podíamos distinguir, con pasmosa facilidad, los distintos acentos de les paisanes de la cuenca que apuraban les compres de pastes en el Campoamor. Y cuando la excursión era más o menos de la misma quinta que la nuestra, “nos enfrentamos futbolísticamente” al enemigo invasor.

Además, no sólu había excursiones de pasu, también aparecían grupos de chavales que se alojaban en el “Albergue », ubicau en aquellos tiempos en el Tocoti y adornau de una modernidad que entonces nos parecía urbanita. Por allí pasaban muchos jóvenes aventureros, piragüistas y excursionistas que se arrimaban a esta, nuestra querida villa, pa quedarse aquí unos días. ¡Qué internacionales nos sentíamos tratando con gente de fuera y haciendo amistad con ellos!

Precisamente por el “Albergue”, la juventud de aquellos tiempos (y sobre tou la de los chavales del Tocoti) tenía a la perra Laika de mascota y compañera, casi tan famosa (o más) como la perra espacial soviética. O bueno, por lo menos eso nos parecía a nosotros… Laika era especial. Tenía un oju de cada color. Nunca llevó correa ni, muchu menos, un chip identificativu. Todos sabíamos dónde vivía y todos la sentíamos como una compañera de juegos exótica y cariñosa. Además, siempre estaba dispuesta a acompañar y siempre estaba en boca de todos los rapaces. ¡Daba gustu vela cruzar el pozu de el barcu, ida y vuelta… tantes veces como palos se tiraran!

Laika haciendo «skimo» con Fermín en el Barcu – Escuela Asturiana de Piragüismo

¿Y qué podemos decir de aquelles noches de veranu en Arriondas…?

Podías pillar unes gominoles en el “Puestin de Frigo” y un Frigopie sin pasar de los veinte duros… y tirabas milles con la Megamo o con la Conor de Tandem. Les modes de entonces eran de tipo peonza o mano loca… y cuando llegaron los tamagochis y los tetrix nos parecían los juguetes más modernos que se podían crear.

En el parque, cada pandilla tenía acutaos un par de bancos de la parte del ríu y allí sentaos anidamos conversaciones y montañes de pipes hasta altes hores.

Luego, cuando el veranu ya estaba bien entrau, veíamos allí mismu cómo se plantaban los escenarios de les fiestes, sobre tou les de la Peruyal. Entonces, aquellos escenarios se convertían durante unos días en mobiliario pa juegos: el más míticu de todos “Arriba-Abaju” (los de abaju querían subir y los de arriba no lo podían permitir).

Los míticos paneles de la «Kermesse» y la Fuentina a la derecha.

Cuando empezaban a amontonarse aquellos paneles granates y amarillos de la Kermesse por les orilles del parque, sin falta de mirar calendarios sabíamos que el Bollu estaba a puntu, que en nuestros dominios del parque se celebraba una fiesta a la que no podíamos entrar y que el día del Bollín (con los juegos de la Llera, los puñaos de chupa-chups y aquella “Gran tarta de la Peruyal” que hacía Luis el confiteru) ya estaba muy cerca…

También en veranu, y si el día era de gran calor, podías aparcar la bici en la Fuentina. Eso sí, a veces beber allí se hacía complicau: la sequía mermaba el chorru de la fuentina hasta hacelu desaparecer, pero no pasaba nada porque en el Neycar, el Reloj o la Llera siempre te ponían un vasín de agua del grifo.

Luego estaba la Peruyal, muy distinta a la de ahora porque -como en casi tou Arriondas- allí también cambiaron muches coses: los míticos requexos, testigos de tantes hores de juegos y de tantísimes confidencies, desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos.  Aquella escalera donde el Paraíso/Lo de Caso, enfrente del mirador, tan mítica pa jugar mientras tus padres tomaban una botellina sidra. Y si, por ejemplo, cambiaban al Submarino, podías jugar en los Patios…  ¿Y cuándo había Cine en la Calle? Entonces sí: la noche se alargaba.

Miguel Aramburu en su salsa.

Durante aquellos veranos la moda y gran predilección era la de jugar en los callejones: el del Campoamor/Kelsey parecía “Basora” cuándo había derbys. Y los más arriesgaos hasta se atrevían a adentrarse a gran velocidad con la bici en el callejón de Titi, hasta el final del túnel…

Sin duda eran tiempos modernos. O, bueno, eso nos parecía a nosotros.

Los cumpleaños estivales solían ser en la terraza de la Xunca. Y ya siendo algo más mayores acudíamos allí también pa celebrar la espicha que se hacía a los chóferes de les carroces del Bollu. Aquella terraza tenía algo…  siempre había un xareu tremendu en ella, ¡y bien que prestaba!

La vieja guardia en La Xunca.

Puede parecer que nos excedemos en la nostalgia, pero hay que entender que ésta no nos impide (o no debería impedir) disfrutar del presente.

Nuestra infancia fue increíble. Y lo fue aquí, en Arriondas.

Hoy, muchos críos están viviendo su infancia y juventud, al igual que nosotros lo hicimos antes. Y sí, hay muches diferencies, mucha más tecnología y más histories que no entiende ni su tía… pero e su infancia y su adolescencia y seguru que ellos, con el andar de los años, la recordarán como la mejor… igual que nuestros padres o la generación anterior a la nuestra creen que fue la suya la mejor infancia de Arriondas…

En fin, que a donde queremos llegar es a que nosotros- al igual que hicieron los que estaban antes que nosotros-tenemos que procurar hacer no solu una fiesta (“defina una fiesta”)  en la que la gente se lo pase muy bien y sea feliz, sino que también debemos ser capaces de crear un ambiente en Arriondas en el cuál crecer sea un recuerdu insuperable o, mejor dichu, la hostia.

Que cuándo seamos un pocu más mayores miremos atrás con cierta nostalgia -de la buena- y que esos recuerdos nos ayuden a construir una fiesta y una villa casi tan preciosa como la que recordamos.

Y sí, los tiempos están cambiando, pero conviene no olvidar de dónde venimos… porque (queridos Peruyalos) si no sabemos eso, ¿cómo vamos a saber dónde vamos?

Terraza de la Xunca.

P.D: Efectivamente, la mitad de nuestra infancia se desarrolló en los chigres, en la calle, en la Peruyal… así, resulta difícil imaginar que no íbamos a acabar en la directiva de “ésta nuestra fiesta”… Tou sea por el Bollu, por crear recuerdos únicos y especiales, por guardar y conservar pa siempre esi sentimientu de pertenencia que tienen los pueblos, los barrios pequeños y el crecer en la calle compartiendo con vecinos la vida sencilla y guapa que siempre caracterizó a esta villa de Les Arriondes.

Así que, si tú también guardas recuerdos guapos, quieres que perduren y que les generaciones venideres sepan cuidar del pueblu, de nuestra fiesta y de esi sentimientu de vecindad que nunca anida en les ciudades… Hazte sociu, actualiza datos, colabora con el Bollu…pero, sobre tou, sal a la calle a crear recuerdos futuros que luego podamos plasmar en la Revista del Bollu y en les historietes que contemos a nuestros nietos.

¡VIVA EL BOLLU!

¡Viva Arriondas!

¡Y viva la infancia, libre y callejera, de los pueblos como esti!